Saltar al contenido

En esta edición

martes, 20 de octubre de 2026

Edición 86

Periódico comunitario de Minera de Cobre Quebradona · Distribución gratuita

Somos naturaleza

Joven campesino de Jericó es un guardián de las abejas meliponas

Sebastián Echeverry creó el Meliponario Villaluz, una reserva en la vereda Estrella Vieja dedicada exclusivamente a la conservación de abejas meliponas, que hoy alberga 35 colmenas de siete especies diferentes y cerca de 1.500.000 abejas nativas.

18 de febrero de 2026 3 min de lectura
WhatsApp
Un joven con chaqueta azul y los brazos cruzados sonríe bajo un techo de zinc con el letrero «Meliponario Villa Luz», rodeado de cajas de colmenas y plantas.
Sebastián Echeverry

Sebastián Echeverry, un campesino de Jericó oriundo de la vereda Estrella Vieja y técnico en recursos naturales y apicultor certificado del SENA, es un apasionado de las abejas y por eso decidió pasar de las palabras a la acción creando el Meliponario Villaluz, una reserva ubicada en su finca en la vereda Estrella Vieja -a 5 kilómetros del casco urbano de Jericó- dedicada exclusivamente a la conservación de abejas meliponas, un proyecto que hoy alberga 35 colmenas de siete especies diferentes y cerca de 1.500.000 abejas nativas.

“Todo el mundo cuida a las abejas africanizadas, pero a las meliponas nadie las cuida”, explica Sebastián. Estas abejas sin aguijón sostienen el equilibrio de los ecosistemas, pero están perdiendo sus hogares por la tala de árboles, quedando expuestas a enfermedades. Ante esto, el meliponario surge como un refugio vital para su supervivencia.

Aunque son dóciles e inofensivas para las personas, han pasado desapercibidas y desprotegidas durante años. Sin embargo, su rol ecológico es irremplazable: existen plantas en el bosque nativo que solo pueden ser polinizadas por ellas, lo que las convierte en aliadas directas de la conservación.

Desde el Meliponario Villaluz, estas abejas vuelan hasta 1,5 kilómetros hacia el bosque para recolectar polen exclusivamente de flora autóctona. Al no adaptarse a jardines o cultivos domésticos, su vida depende totalmente del monte, y gracias a ese recorrido diario, los bosques se regeneran y se mantienen vivos.

Pero el Meliponario Villaluz no solo conserva: también educa y conecta. Hace cerca de un año, Sebastián abrió al público el Tour de Abejas Meliponas, una experiencia de turismo ambiental que permite a visitantes conocer de cerca las colmenas, observar la organización interna de las abejas, identificar especies, entender su rol ecológico y realizar una cata de miel, donde se descubren sabores, texturas y aromas distintos según la especie.

El recorrido dura entre hora y media y dos horas, se realiza en grupos máximos de ocho personas para no alterar el comportamiento de las abejas, y no requiere trajes de protección. Las meliponas permiten la cercanía humana, convirtiendo el tour en una experiencia segura, pedagógica y profundamente transformadora. No es casualidad que la mayoría de los visitantes hayan sido extranjeros, provenientes de países como Dinamarca, Francia, Estados Unidos, Alemania e Israel.

Más que una actividad turística, el tour es la clave para la sostenibilidad del proyecto. Mantener un meliponario implica altos costos: colmenas tecnificadas con medidas específicas, alimentación con miel —no con azúcar—, control permanente de plagas y dedicación diaria de trabajo humano. Cada visita, con un aporte de 30.000 pesos, contribuye directamente a que las abejas sigan vivas y protegidas.

A la fecha, cerca de 125 personas han recorrido el Meliponario Villaluz, aprendiendo que la conservación no siempre requiere grandes gestos, sino compromiso, conocimiento y respeto por lo que la naturaleza nos ofrece. “Promover la cultura de las abejas y traer visitantes es la mejor forma de apoyar este proyecto”, afirma Sebastián.

En tiempos donde la pérdida de biodiversidad avanza silenciosamente, iniciativas como esta demuestran que la conservación puede integrarse al turismo, la educación ambiental y el desarrollo local. Las abejas meliponas no solo producen miel: sostienen los bosques, protegen la vida y nos recuerdan que cuidar lo pequeño es cuidar el futuro.

Jericó cuenta con guardianas silenciosas que trabajan sin descanso. Conocerlas, respetarlas y protegerlas es una tarea colectiva. Y el primer paso puede ser tan simple como visitar un meliponario y dejarse sorprender por el zumbido suave de quienes mantienen vivo el bosque.

Agende el tour en el Meliponario Villa Luz y apoye la conservación de las abejas meliponas. También puede comprar miel pura.

  • Contacto: 301 255 6020
  • Instagram: Meliponario Villa Luz.

¿Te sirvió? Compártela:

WhatsApp
+

Más de Somos Naturaleza

Ver la sección